Cuándo el PNG es el formato que de verdad necesitas
La mayoría de las veces un JPG está bien. Los momentos en que no lo está son específicos y fáciles de reconocer: un formulario de carga que solo acepta PNG, una herramienta de diseño que pide un original sin pérdidas, un logo o una captura donde el JPG convirtió los bordes nítidos en una neblina gris, o una imagen que vas a editar y volver a guardar varias veces.
Ese último caso es el que se subestima. Cada vez que un JPG se abre, se modifica y se vuelve a guardar, el compresor corre otra vez y se come calladito un poco más de detalle. Conviértelo a PNG una sola vez y esa espiral se detiene: lo que guardas es exactamente lo que tenías, por muchas rondas de edición que vengan después.
Lo que hace esta herramienta y lo que no puede hacer
- Convierte el contenedor, no el contenido. El detalle que el JPG ya descartó no lo recupera ningún formato.
- Conserva la resolución completa. No se reduce, ni se recorta, ni se reencuadra nada.
- Respeta la orientación de la foto. Las fotos tomadas de lado con el celular salen derechas y no giradas.
- Da por hecho que el PNG pesará más. Guardar sin pérdidas cuesta espacio; ese es el trato que estás haciendo.
Si lo que en realidad buscas es un archivo más ligero y no uno sin pérdidas, JPG a WEBP es la mejor jugada: el WEBP suele quedar muy por debajo del JPG del que salió con la misma calidad visible. Y si las imágenes son páginas de un documento y no fotos, JPG a PDF convierte el montón en un solo archivo que los portales sí aceptan.